martes, 21 de julio de 2009

Borges y nosotros


Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.
Jorge Luis Borges, “Borges y yo”

(Sesión del 27 de junio)
Elaborada por Christian Barandica Ruiz
Temas: Análisis, creación, argumento



No hay mejor faro que indique nuestro rumbo literario, que el maestro Jorge Luis Borges. El día de hoy, motivados por la anhelante intención de tocar tierra firme, hemos fijado nuestra vista en un análisis a la obra de este gran escritor, quien dedicó prácticamente toda su vida al oficio de las letras. Sin más preámbulos, y evitando que funestas olas ataquen nuestro barco –llamado “José Félix Fuenmayor” –, el capitán toma el mando de la tripulación, tratando de darle sentido a nuestra ruta.

Precisamente, y justo como en las embarcaciones, llega la hora de rendir cuentas: Patricia, en frente de todos los talleristas, inicia la lectura de “Acerca de mis cuentos”, donde Borges enuncia las causas y los sucesos que lo llevaron a escribir cuentos como “El Zahir”, “El libro de arena”, “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” y “Utopía de un hombre que está cansado”. Luego de discutir qué factores subconscientes o intelectuales propician la escritura de sus textos, sea la vastedad cultural del autor o la inspiración, concluimos que no existen posibilidades de escribir una obra narrativa que comprometa conocimiento si no existen bases intelectuales. Borges trata de desmentir la gran erudición con la cual lo han tildado, justificando que el combustible de su obra es la inspiración. En palabras propias, el escritor es un amanuense al cual se le dicta, que es tocado por las musas. Los marineros hemos descubierto la primera ruta trazada por Borges para ser un buen escritor: se necesita disciplina e inspiración, pasión y rigor.

Los cuentos de Borges, que son una clara evidencia de la peculiaridad del autor, trascienden las fronteras de la realidad, y sin embargo nos hipnotiza, nos deja en un letargo en el cual no sentimos que hemos viajado a una ficción que nada tiene que pedirle prestado a la fantasía. Jorge Luis Borges nos enseña que de temas triviales pueden desencadenarse obras interesantes. De esto se encarga “El Zahir”, el extraordinario texto que convierte a una moneda de veinte centavos en un objeto obsesivo para un hombre atropellado por la noticia de la muerte de su amada. El objetivo: recrear ficción sin la necesidad –casi obligatoria– de incluir seres fantásticos como unicornios y quimeras. El resultado: una pieza rayada de cobre que se convierte en un Zahir (un objeto donde se oculta Dios). La necesidad del narrador-protagonista de olvidar la muerte de un ser querido, descrita bajo una elaboración minuciosa, crean el ambiente propicio para impulsar el carácter del cuento. La insistente repetición de la presencia y ausencia del objeto lo hacen inolvidable. Tal vez los subterfugios presentes en este cuento lo obligan a que remate con la frase “quizá detrás de la moneda está Dios”.

Borges nos manifiesta que su gran erudición e imaginación aún no se agotan, y que dispone de un fino sentido crítico para mofarse de aspectos ridículos y absurdos en la vida del ser humano. En “El libro de arena”, juega un rol principal la limitación mortal ante lo infinito. Borges traslada el aspecto imperecedero de la arena al caso de un libro que no tiene una página inicial ni una final. Este cuento es, sin duda, más intrigante. La idea de las obsesiones se mantiene intacta en el autor, y aunque sea aparentemente sutil la forma como se trabaja en los traspiés de los seres humanos, desde un punto de vista filosófico y metafísico, plantea una idea sensacional. Ante esta situación continuamos nuestro rumbo bajo la siguiente indicación: a la hora de escribir, los hechos fortuitos son susceptibles de generar un relato fantástico. Se necesita sólo de destreza, imaginación y una dosis de recursos literarios apropiados.

La nave continúa su curso, y a lo lejos divisamos a “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”. En él, se tratan temas sobre la realidad y la imaginación, el idealismo y el realismo: un objeto mágico que modifica la realidad. Referente a esto, Borges habla de la recurrencia a este tipo de asuntos deslumbradores, mágicos y a la vez intrigantes. Y aquí Borges nos da claves para elaborar textos fantásticos: al fijarse en el detalle de la permanente actualización a la que deben someterse las enciclopedias, tan frecuentadas por él desde su niñez, se le ocurre que en un ejemplar de ellas hay un artículo que ninguna otra posee. Es destacable, por demás, el carácter poético del lenguaje y del idealismo que abunda en los hemisferios idílicos de Uqbar. Este cuento, que toca tangencialmente la metafísica, nos hace reflexionar que “la filosofía no es más que una rama de la literatura fantástica”. La obra fantástica de Borges es justamente eso: el reflejo de este mundo de orates encerrados en un mismo manicomio, aquella realidad artificial que supo desglosar correctamente en una gran cantidad de sus cuentos.

Por su parte, “Utopía de un hombre que está cansado” recrea el futuro, el presenta y los ideales de un hombre que considera que no merece vivir. El personaje principal, Eudoro Acevedo, visita en el futuro una finca en medio de una llanura desierta. Su anfitrión, que domina el latín a la perfección, le revela cómo es la vida en el futuro, en la que los hombres viven el tiempo que desean, prefieren la soledad y el arte. La idea del carácter ilusorio de la Tierra es muy antigua, tal vez tomada del Antiguo Testamento. Sin embargo, la originalidad con la cual Borges se atreve a remitirse a uno de los desaciertos más significativos de la humanidad nos sirve como ejemplo clave para enfrentarnos a nuestros cuentos, jugar con la realidad y decidirse a desenmascararla.
Muy lejos de la disyuntiva intelectual-vitalista en la cual oscilaba Jorge Luis Borges, los tripulantes de esta embarcación nos resolvemos en afirmar que la totalidad de su obra es una linterna que, sin ningún esfuerzo, logra iluminar a todos los navíos que ansían llegar a la costa literaria, a la producción de una verdadera literatura. Sin lugar a dudas, Borges es un autor netamente universal. Los navegantes nos acercamos a la proa de nuestra carabela, y aunque nos encontremos un poco distantes de tierra firme, cada vez la observamos más cerca.

3 comentarios:

RICARDO dijo...

Es una buena relatoría. Además de la cronología de los hechos, hay comentarios acerca de los cuentos de Borges, eso está muy bien. Me gustaría comentar el aparte sobre la filosofía como una rama de la literatura fantástica. Es una excelente cita, pero no debe tomarse más allá de una cita literaria. Pues en la realidad está muy lejos de hacer justicia a la disciplina de Schopenhauer, para mencionar uno admirado por Borges. Por esa misma vía podríamos decir que la ciencia es una rama de la literatura fantástica, sobre todo la ciencia del siglo XX, plagada de agujeros de gusano, dilemas cuánticos (y este sí que es literario) sobre gatos encerrados en cajas cuya realidad queda suspendida. Sin embargo, de esa “literatura fantástica” surgió, por ejemplo, la Bomba Atómica. Así mismo a la filosofía le debemos cosas muy buenas y muy malas, pero en todo caso muy serias. No menospreciemos a la pobre Sofía que ya bastante tiene con los profesores de escuelas y la filosofía de los comentaristas deportivos.

Bueno, hasta la próxima.

Ricardo Llinás

Patricia Lemus dijo...

De todas las bitácoras, pienso que ésta ha sido la mejor.

Anónimo dijo...

Muy bueno, gracias