lunes, 6 de abril de 2015

LO SOSPECHÉ DESDE UN PRINCIPIO

Bitácora de la sesión del sábado 21 de marzo de 2015


Por: María Margarita Rojas Álvarez


Cuando el profesor Antonio Silvera empezó a mirar a los talleristas, buscando a quién asignar la escritura de la bitácora, yo deseé tomarme una pastilla de chiquitolina, pero con mi contextura necesitaría un frasco. Decidí guardar silencio para no hacerme notar. Tal como sospechaba, una voz (que no era la de mi conciencia) dijo “Margarita no ha redactado ni una bitácora” y mi ego habló: “profesor, yo hice una a manera de carta”, la voz delatora y las antenitas de vinil empezaron a titilar y me di cuenta de que no tendría escapatoria. Así que aquí estoy, tratando de hacer lo que sospeché desde un principio.

No fui la única en ponerme las antenitas de vinil, todos los asistentes se acomodaron las suyas cuando escucharon uno de los poemas del libro “El fantasma de la alondra”. Los versos de “Y el cayado era un arma” nos invitaron a buscar en nuestra conciencia lectora la obra con la cual dialogaba esta poesía. Como expresó el director del taller y autor del poema: “La literatura es un diálogo, los textos que los han precedido dialogan con los nuevos”. Tal como sospechábamos, al profesor lo “chispeó” el relato de Caín y Abel, este poema se relacionaba con el primer homicidio de la Biblia. La poesía nos dejó el sabor de que Abel pudo haber hecho lo mismo que Caín, solo que éste se le adelantó.

Para mantener el halo de santidad y evadirnos de toda sospecha de pecado, Patricia compartió la poesía “La mujer de Lot” de Wislawa Szymborska; nombre que César pronunció con la propiedad de un polaco. Varios versos recordaron lo humano del Génesis que sigue vigente en el apocalipsis que vivimos: “Tal vez miré hacia atrás… Para no mirar más la nuca justa de mi marido, Lot. Por la seguridad repentina de que si yo muriera, él no se detendría. Por la desobediencia natural de los humildes”. Las féminas recordamos estos versos con gratitud y solidaridad. ¿Hubiéramos hecho lo mismo que la mujer de Lot?

Luego Andreis, iluminado por la brillante luz del dios Google que mora en su Smartphone, leyó la Rima IV de Gustavo Adolfo Bécquer: “No digáis que, agotado su tesoro, /de asuntos falta, enmudeció la lira; /podrá no haber poetas; pero siempre /habrá poesía…” Con otro de sus poemas el profesor Silvera le responde a Bécquer que en esta dictadura del ruido y del metal donde hasta la muerte ha perdido su dignidad, aún abundan las mujeres bellas, mas no hay poesía. En estos tiempos la naturaleza ha perdido su belleza y el lenguaje ha vuelto a los monosílabos de los principios de la humanidad. Tal vez por ello el título del poema:¡Bah!.

El profesor Silvera continuó leyendo sus poemas omitiendo a propósito los títulos, pero esta vez nuestra conciencia lectora no alcanzó a sospechar los textos con los que habían dialogado sus poesías “Epitafio para Jack London” y “Otra vez la hormiga y la cigarra”. En ocasiones, el título es necesario para significar y darle sentido al escrito. Por esto, Hernando lo primero que hizo al sentarse en el banquillo de los escritores fue leer el título de su tarea: “La confrontación”. En este cuento la naturaleza volvió, pero no la del Génesis ni la de Bécquer, si no la que Rivera describió en La Vorágine. En la selva del Brasil vivía el pequeño Makú, indígena valiente, según los miembros de la tribu, pero en realidad él y sus guerreros salían a jugar fútbol con los integrantes de un frente guerrillero colombiano. Makú amaba a la comandante del grupo rebelde, pero ella no lo sabía. Era un amor, en palabras de Hernando, como el de Efraín y María.

Januario nos compartió un cuento en el que la naturaleza y el amor familiar eran los protagonistas. “Lodo” mostró la historia de Raúl y María quiénes tenían un bebé enfermo y vivían en medio de un lodo que iba aumentando y transformándose a medida que avanzaba la narración. El autor tomó como base el cuento de Gabriel García Márquez, “Un señor muy viejo con unas alas enormes”.

Como los hombres no se convirtieron en estatua de sal, ellos continuaron con la lectura de sus tareas. El turno fue para César, quien se apartó de los espacios de la creación para centrarse en La Bella y la Bestia con su relato titulado “No hay que soñar con ella”. El protagonista —un lector consumado— amaba a una joven que atendía una librería, la seguía desde lejos y presentía que aunque a ella le gustara “El fantasma de la ópera”, no le iba a gustar un hombre de piel manchada y rostro cubierto como él. Todos sospechamos que este texto estaba inspirado en La Bella y la Bestia.

Siguió Patricia con su texto: “Por culpa de Flaubert”. La voz poética propuso que si Emma Bovary hubiese tenido un esposo con las características de varios personajes de las obras de García Márquez, tal vez no se hubiese suicidado. Patricia, con su lectura, nos llevó a pensar que Flaubert se había equivocado al darle a Emma un esposo que en lugar de llenarla de amor y de pasión la llevó a la infidelidad y a la muerte.

Andreis también hizo la tarea. Con el poema “Despedida de un gato”, inspirado en la joven y seductora Holly Golightly, protagonista de Desayuno en Tiffany's, Andreis dejó claro que este personaje lo dejó fascinado y seguramente con su lectura despertó en más de uno las ganas de leer o releer esta obra de Capote.

La influencia de Cortázar se hizo presente y evidente en “Instrucciones para hacer instrucciones”, versos escritos por Sebastián, con los que pretendía hacer el génesis de las famosas instrucciones del autor argentino.

Cerramos la sesión escuchando la parte final del cuento “Un señor muy viejo con unas alas enormes”, y regenerados como las águilas, salimos con la esperanza de recibir en nuestros correos las actividades a realizar en estos quince días de receso.

3 comentarios:

Patricia dijo...

Margarita: Tu bitácora ha sido un buen recorderis después de un largo receso.

Domingo José Bolívar Peralta dijo...

Como tus fotografías.

Adela Renowitzky dijo...

Margarita:

Para los que fallamos esa sesión ha sido de gran ayuda tu bitácora.