jueves, 10 de abril de 2014

UNA VULGAR BITÁCORA


Sesión del sábado 5 de abril de 2014
                                                                                             
Por: Patricia Lemus Guzmán

Tú, Patricia, que antes eras más puntual que novio feo, este año has tomado la jodida costumbre de llegar tarde al taller. El sábado pasado cuando llegaste, la sesión iba avanzada, pues ya Andreis había leído cuatro minicuentos y escuchaba los comentarios acerca de estos. Dicen por ahí que lo bueno, si breve, dos veces bueno (¡Ojo! no siempre…), sin embargo aunque parece fácil escribir algo corto, el reto para el escritor es aún mayor, porque resulta condenadamente complicado decir en pocas palabras algo original y contundente, que deje noqueado al lector al punto de exclamar: “Guaaaooo este cuento es la v….” (ay, Patricia, si vas a empezar con la mojigatería de escribir las groserías incompletas, esta bitácora no va a salir nada bien). Y aunque para muchos tal vez Andreis no haya logrado el nocáut, nadie va a negar que el muchacho dio la pelea.

A continuación Carlos leyó un fragmento de “La deuda de don Enrique Cruz” un cuento de corte fantástico acerca de un viajero que llega a un pueblo en busca de un libro misterioso. Algunos comentaron que el comienzo recordaba en algo a Pedro Páramo, pero la recomendación general fue que los diálogos eran muy lentos y algunos hasta innecesarios. Se le sugirió revisarlos o acudir al diálogo indirecto para darle mayor agilidad a la historia.

Y después de estas dos tranquilas lecturas, llegó Junot Díaz con Alma. ¡Ay, Alma, Alma, con su culo monumental, que haría parecer una tabla a la mismísima Yayita, llegó a calentar los ánimos de los asistentes al taller. ¿Son literarias las groserías? Por supuesto, nadie lo duda, o sino pregúntenle a Gabo. Sin embargo, ¿cuándo se puede decir que se abusa de ellas? ¿Son en ocasiones un gancho para atraer público y vender, como dice Sebastián? Escribir cuatro veces la palabra culo en un mismo párrafo ¿es amarillismo como dice Adolfo? O ¿tiene algo de poesía este cuento como afirma el profesor Silvera? ¿Yunior amaba realmente a Alma como dice Isabel? ¿O era puro y físico encoñamiento como dice María Margarita? Que polvareda la que levantó Alma, todos querían opinar y creo que fue aquí cuando Andreis —un poco lastimado quizá de su pelea inicial— dijo la frase muchas veces escuchada en el Taller Literario José Félix Fuenmayor (reconócelo Patricia, tú también la has dicho más de una vez): “Si este cuento no lo hubiese escrito Junot Díaz, ganador del premio Pulitzer, sino yo, todos ustedes me habrían caído a palos” Uhmm… es probable, pero aquí interviniste tú para hablar del estilo, diciendo que Junot Díaz tiene varias similitudes con el personaje del cuento, es un dominicano, que vive en los Estados Unidos, le gustan los libros, escribe novelas, lo que te lleva a pensar que hay algo del autor en Yunior y que de alguna manera, Junot (¡vaya que le has cogido confiancita!) ha encontrado una voz propia para narrar la vida de los inmigrantes dominicanos. El profesor Silvera agregó que el autor ha querido transgredir las reglas del lenguaje, salirse del formato común y lo ha logrado, porque no cualquier lagaña e’mico dicta escritura creativa en el Instituto de Tecnología de Massachussets.

Luego vino otra discusión, ¿qué importa más el fondo o la forma? Depende: si hablamos de Alma, la negra tumbacatre, seguro que a todos los caballeros les interesa más la forma, qué importa que no sepa de política o que pinte bien o mal; pero si hablamos de Alma, como texto literario, la cosa es a otro precio. Domingo señaló que en este cuento la forma es más importante que el fondo y luego intervino Sebastián, duro y directo como siempre, diciendo que si a este texto se le quitaba la forma, lo que quedaba era la simple historia de la infidelidad de un hombre, contada ya sopotocientas veces, mejor dicho que si Sebastián hubiese tenido a Junot Díaz en frente le habría dicho en jerga dominicana, más o menos así: “Mamagüebo, domo arrepentío, quítale las vulgaridades a este cuento y te queda chiquitico, que lo que te queda no es na”. ¡Pobre Junot!, menos mal que a los ganadores del premio Pulitzer les sabe a mierda lo que opinemos una decena de vagos asistentes a un taller literario tercermundista, que no le da ni por las patas al del MIT.

(—¿Te das cuenta Patricia que no has respetado la narración en segunda persona? Vas de un narrador a otro, ¿qué disparate es este?
—¿Sabes qué? Ya me mamé de tu vocecita entre paréntesis, cállate ya, que yo tengo mi voz y escribo como quiera, después de todo es mi bitácora y la puedo hacer como me de mi puta gana).

Y al final, surgió un reto para todos nosotros: Escribir la misma historia sin groserías, conservando el erotismo. A ver, partida de criticones, demuestren de lo que son capaces, describan a Alma sin mencionar la palabra culo (¿qué tal derriere? sugiere Adolfo en broma), vamos a ver hasta donde les llega la poesía. Y para los más medidos, el profesor Silvera sugirió otra tarea: Escribir un soneto, el tema: libre. ¿Cuál de las dos tareas será más difícil? No lo sé, pero el punto es que una vez más queda demostrado que debemos enfrentarnos con las palabras, perderles el miedo, desnudarlas,  poseerlas, saber que ninguna está prohibida; en resumen: perder la cobardía, ¿y esto cómo se logra? Pues escribiendo… Así es como la pierdes.

5 comentarios:

Isabel dijo...

Jajajajaja genial la bitácora Patricia,vamos a perder la cobardía. Pienso que la obra de Junot es un reflejo de su propia vida, el hombre es un genio.Un abrazo.

Matilde Robayo dijo...

Genial Patricia, ya veo el color en tus mejillas en cada putazo jaja. Me encanta Junot, asi que Sebastián ponte serio ! Un abrazo desde estas lejanías

Anónimo dijo...

Esta bitácora es la ver...ificación de que las groserías se tienen que decir en los momentos en que se necesitan. No hace mucho leí un artículo que encontré en internet; allí se dice que según un estudio realizado por científicos de no recuerdo dónde pero es uno de esos países noreuropeos, las personas que dicen "groserías" son más confiables, porque son más honestas cuando expresan lo que piensan y sienten. A veces mejor que decirlas es sugerirlas, pero sólo para afianzar un tono irónico o sarcástico.

Domingo José Bolívar Peralta.

Anónimo dijo...

Muy, muy buena su bitácora Patricia. Cuando las "groserías" están bien puestas, producen textos originales y amenos.
Pedro

Anónimo dijo...

Super chèvere madrina, :).......