jueves, 4 de julio de 2013

HICIMOS LA TAREA

Por Domingo Bolívar Peralta
(Sesión del 22 de junio)

El veintidós de junio del año dos mil trece del calendario gregoriano, Antonio Silvera no pudo asistir a la acostumbrada reunión de los sábados. Con una semana de antelación había manifestado que no dirigiría la sesión por compromisos ineludibles. Entonces, varios miembros del Taller Literario “José Félix Fuenmayor” expresamos nuestro deseo de volver a encontrarnos en el habitual recinto de Comfamiliar del Atlántico este veintidós, y Silvera estuvo de acuerdo. Él dejó todo arreglado para que el vigilante de turno abriera el aula a los contertulios, y así sucedió.

Llegó gente que incluso tenía semanas de no venir, como Juan Miranda y Paula. Llegaron también a la cita Adela, Patricia, Ana Julia, Sebastián, Isabel Cristina, María Margarita, Jorge Raúl y yo, por supuesto.



Raúl, como también se había acordado en la anterior reunión, dirigió este cónclave literario, con un poquititico de mi ayuda, porque cierto es que lo hizo muy bien.

Empezó con definir un orden del día, así: primero: Qué están leyendo actualmente y/o recomendaciones bibliográficas de los compañeros y compañeras presentes; segundo: lectura a varias voces del cuento de Julio Ramón Ribeyro, “Sólo para fumadores”, y comentarios sobre este texto a medida que se iba leyendo (porque teniendo en cuenta la extensión del mismo, consideramos que tal vez no alcanzaríamos a leerlo completo —como sucedió— y así dinamizaríamos este ejercicio, aparte de que había sido propuesto con anticipación para que fuese leído por los talleristas en sus momentos de sagrado ocio); y tercero: lectura de textos de compañeros del taller.

El primer punto tuvo como resultado la siguiente cosecha:

La fuerza del destino, Voltaire.
Las muñecas de Juana no tienen ojos, Álvaro Cepeda Samudio.
Dichos de Luder, Julio Ramón Ribeyro.
A la deriva, Horacio Quiroga.
Noviazgo, amor y matrimonio, Hally Monroe (autora canadiense).
Rompan caras, ¡carajo!, Rafael Baena.
El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez.
La ceiba de la memoria, Roberto Burgos Cantor.
Retrato en sepia, Isabel Allende.
La casa de los espíritus, Isabel Allende.
¿Qué es la vida?, José Félix Fuenmayor.
Prisionero del agua, Alexis Díaz Pimiento.
Las mil y una noches, Anónimo.
El matrimonio del Cielo y el Infierno, William Blake.

Pasamos al segundo punto: leímos “Sólo para fumadores” y comentábamos, mientras leíamos, acerca de los recursos y aspectos llamativos en el texto de Ribeyro. Aunque no lo leímos por completo, alcanzó para dejar en el ambiente un delicioso olor a nicotina (aclaro: yo no soy tabaquista y poco me gusta el humo del cigarrillo, pero disfruté todos los cigarrillos que Ribeyro nos fue encendiendo).

El tercer punto se desarrolló así: Juan Miranda leyó una crónica suya, de un viaje que hizo no ha mucho a La Habana. El texto empezó gracioso y así se mantuvo, a pesar de sus pequeños dramas. Reírse de las adversidades es fácil después que han pasado o cuando no las vivimos en carne propia, aunque creo que todos nos sentimos tocados por la narración de Juan en lo que concierne a los líos burocráticos y lo despistados que podemos llegar a ser algunas (apenitas algunas no más) veces.

Luego Jorge leyó un texto suyo, más introspectivo, que fue difícil comprender. Empieza con un joven esperando un bus a la salida de su universidad y una muchacha embarazada, de piel negra, con la que entabla conversación. El final nos confundió a todos.

El vigilante de Comfamiliar se asomó y comprendimos que debíamos desalojar el pequeño cubo, mas la sesión no terminó al salir, pues nos sentamos afuera, alrededor de una mesa y seguimos conversando sobre el texto de Jorge y otros temas. Pusimos fin expresando nuestra satisfacción con el desarrollo de este nuevo encuentro.

4 comentarios:

Adela Renowitzky dijo...

Completa y exacta. Buen resumen. Gracias por su dedicación pudimos salvar el sábado. un aplauso para los dos.
Adela

Raúl Ernesto Ibarra Padilla dijo...

Muy bien escrito amigo Domi. Para my fue tarde deliciosa que recordaré. Lastimosamente no puedo seguir acompañándolos en el taller ya que estoy viviendo en Bogotá. Sin embargo sigo siendo un Fuenmayor y espero seguir en contacto con el taller y dejar en alto nuestro taller aquí en la capital. Gracias a todos.

Matilde Robayo dijo...

Raúl buen viento y buena mar en la nevera, que al principio golpea, pero que al adaptarse es la ciudad que más nos ofrece eventos de literatura, música, paisajes y todo lo que hace gozar el espíritu y el cuerpo.
Gracias Domingo, tienes un don especial para captar imágenes que conviertes en deliciosas bitácoras.

Dormingo dijo...

Gracias por lo que me toca, y Raúl, compañero, le deseo de verdad que le vaya muy bien no sólo en lo laboral sino también en lo literario. NO deje de cultivar esa pluma, jeje.