jueves, 23 de mayo de 2013

LA POESÍA: SUBJETIVIDAD Y ESENCIA


Por Domingo Bolívar Peralta

(sesión del sábado 18 de mayo)

A veces el aparato cuyos dedos invisibles nos arranca las rémoras solares de la piel, pareciera querer participar de la conversación. Emite unos sonidos que se salen del habitual ronquido al que ya casi nos tiene acostumbrados; y digo ya casi, porque muchas veces lo obligamos a callarse para escuchar mejor entre nosotros. Imagino que en esas veces querrá decirnos «ustedes los humanos son de verdad incomprensibles. Se quejan del calor que hace afuera, pero pasados apenas unos cuantos minutos quieren apagarme porque supuestamente sienten mucho frío. ¿Pero qué puede esperarse de unos personajes que vienen aquí a parlotear sobre algo tan fútil, tan poco práctico, como lo es la literatura? Intentan ser coherentes, lógicos en todo lo que aquí dicen, sin embargo no hay nada de lógica en ustedes desde el simple hecho de venir a reunirse todos los sábados para deliberar sobre cuentos y poemas, dejando de lado otras actividades que seguramente serían de muchísima mayor utilidad.»
Si alguna vez llega a producirse en nuestro recinto uno de esos extraños fenómenos que suelen ocurrir en la literatura y oigo la mecánica voz de la máquina diciendo esas palabras, le responderé así: “Le preguntaron a Terminator si es verdad que había perdido todos sus sentidos y él contestó «hasta la vista, baby».”
Hasta que llegue el momento en el cual las inteligencias de silicón, coltán y sabrá el Diablo qué otros materiales en un futuro, se impongan sobre la humanidad que las creó, y el lenguaje binario —exacto — extermine por completo cualquier otra forma de ambiguo lenguaje humano; hasta que sólo las máquinas, luego de haberse eliminado por completo cualquier forma de vida capaz de tener juicios de valor estético, tengan el poder volitivo de hacer y deshacer sobre este planeta, hasta que ocurra ello, habrá poesía.
Seguro el aparato de aire acondicionado se estaría burlando hoy de nosotros, al tener como tema de estudio el Capítulo 1 de El arco y la lira, un texto de Octavio Paz. Toda la tarde la ocupamos en resolver, analizando cada párrafo, lo que es la poesía, lo poético. El primer párrafo es una gran vitrina en donde se nos exhibe una multitud de juguetes, los cuales podemos tomar y jugar con ellos para definir mediante el juego, cada quien jugando a gusto, lo que es la poesía. Los párrafos posteriores nos van sugiriendo el significado de este juego y estos juguetes. Paz no nos dice la poesía es tal y cual, pero nos da pistas y claves. Nos dice que la poesía está en todas las manifestaciones artísticas, e incluso propone que en todo aquello que pueda ser valorado estéticamente sin necesidad de que se haga de ello una obra de arte, hay poesía. Todo artista es un poeta. El conocimiento de la técnica no hace al artista, ese sería un artesano; una obra sin poesía no es más que una obra artesanal, producto de la técnica y no de esa esencia que entraña la poesía. El artesano crea obras para satisfacer necesidades prosaicas, cosas útiles. La poesía eleva la materia de lo meramente útil en sentido materialista a lo quizás inútil, pero con gran valor estético; un valor estético que comunica algo que conmueve, más allá del lenguaje utilizado para comunicarlo. La ambigüedad del lenguaje da trascendencia a la obra, pues lo que se comunica puede adquirir diversos matices y formas interpretativas por parte de quienes aprecian dicha obra, y esa característica ha de producir impresiones fuertes en quien a través de sus sentidos se acerca a ella. Una obra de arte se basta a sí misma para ser plena, toda obra de arte es un poema, todo poema tiene como meta conmover y todo poema es único porque se vale de herramientas que el artista, conocedor de la técnica, utiliza de manera particular, imprimiendo en él todo aquello que en el momento de la creación poética le influye, como su temperamento, estado de ánimo, contexto histórico, referentes...
El poeta llena a la materia de significado, le confiere esa esencia que tiene el lenguaje de expresar; se expresa el artista y se expresa quien contempla la obra. La obra poética es una ventana y a la vez un espejo.
Podrán estar los compañeros de taller en desacuerdo con algunas de las ideas aquí expresadas por este servidor, pero he tratado de recoger el consenso tácito, la esencia, finalizada la sesión, en cuanto a este tema; ahora, el mismo título lo dice: subjetividad y esencia, no logro reprimir (o más bien no quiero) el deseo de decir algo al respecto, desde mi posición, mi forma de asumir la poesía. Afortunadamente concuerdo (y me ha convencido) con Octavio Paz en todo lo dicho en este capítulo de El arco y la lira. Leer el resto del libro se me hace inútilmente necesario.
Sólo nos queda impedir que las máquinas no acaben con la poesía.



3 comentarios:

Matilde Robayo dijo...

De acuerdo Domingo, es un buen resumen de nuestro encuentro del sábado pasado. Definitivamente sabes hacer una bitácora. Gracias !

Patricia dijo...

La verdad Domingo es que desde hace ya varios años, estas reuniones de los sábados se me han vuelto "inúltimente necesarias".

Dormingo dijo...

Parece adictivo, ¿verdad Patricia?