jueves, 25 de junio de 2009

Por puro amor al arte



(Sesión del 30 de mayo)
Elaborada por Claudia Lama Andonie
Tema desarrollado: Conversatorio con Nahum Montt


Desde las ocho de la mañana hasta las doce del mediodía, “de un solo cipotazo”, el pasado sábado 30 de mayo se llevó a cabo la sesión del Taller José Félix Fuenmayor con la visita del escritor y director nacional de talleres Renata, Nahum Montt.

Pero dejemos de lado la ceremonia porque la solemnidad no estuvo presente en este encuentro matutino de vampiros ávidos de la savia y de los saberes de unos y otros, e incluso de aquellos que, aunque no físicamente, también fueron convocados como Gabo, Faulkner, Hemingway y un tal Sidni Sandoval que llegó de colado, pero que luego averiguamos era Sydney Sheldon.

Nos acompañó Nahum sin halo místico, con buen humor, espontaneidad y la disposición a compartir sus experiencias y conocimientos como escritor. Cuatro horas bastaron para darnos a conocer cada uno, colaborar, de paso, con el banco de nombres de Nahum, y recibir de él un nutricio “vómito verbal” para luego seguir trabajando, escribiendo y reescribiendo el camino que nos queda por delante a todos los que soñamos con un destino en la literatura, hasta donde nos alcance el talento, el rigor y la disciplina.

Entre lo que aprendimos de Nahum, además de conocer brevemente algo de su vida y trayectoria como escritor, nos queda:

- No se vive de la literatura, pocos pasan el umbral. Hay que buscar trabajos afines para poder dedicar tiempo a escribir.

- Las editoriales embaucan a los escritores. No es conveniente firmar contrato por lo que no se ha escrito.

- Si se escribe para complacer a un grupo en particular de gente o pensando en los concursos, uno la puede embarrar.

- El gran desafío del escritor y del periodista es trascender la carreta.

- La calidad de una obra literaria está determinada por una conjunción de factores: por un lado el rigor y la disciplina, y por el otro el talento. Además, para Nahum, el destino juega un papel importante a la hora de que un escritor alcance cierta trascendencia.

- Es muy importante leer y analizar a los grandes autores si se pretende ser escritor. Cada quien debe buscarse un autor o autores de cabecera que le provoquen y generen el deseo de escribir. A esos autores hay que leerlos para luego regresar y “saquearlos”.

- Lo importante es escribir, no importa qué. Hay que escribir y desarrollar un sentido crítico frente a lo que uno escribió. Uno debe ser el principal crítico de lo que escribe.

- A la hora de escribir sobre ciertos temas, como en el caso de la novela Lara, que se refiere a hechos históricos, son importantes la observación y la imaginación, pero a ambas las une, como puente, la investigación.

- Hay tres fases en el proceso de escribir: La primera es el “vómito verbal” que es cuando se escribe lo que se quiere contar sin tener en cuenta más que dejar registro como ayuda para la memoria. La segunda fase es la del borrador, que consiste en trabajar, reelaborar, ampliar lo que se escribió en la primera fase. La tercera fase es cuando ya se tiene un texto literario.

- El escritor como tal no tiene función social.

- Los diálogos, en las obras literarias, muestran la voz de los personajes. Hay algunos autores a los cuales vale la pena recurrir para analizar la forma como manejan los diálogos en sus obras, entre ellos están Hemingway y Saramago. También en las películas existen excelentes ejemplos de diálogos, como es el caso del diálogo inicial en la película Pulp Fiction de Tarantino.

- En una obra literaria son muy importantes los nombres que se dan a los personajes, al igual que el título de la obra, el cual debe generar interés por leerla.

Bueno, pero como todo lo que se extiende demasiado corre el riesgo de cansar y aburrir, no lo haré más en esta primera reseña de los aconteceres del Taller, no sea que me saquen el cartelito “Le queda un minuto”.

Gracias a Nahum Montt, en nombre del Taller Literario José Félix Fuenmayor de Barranquilla.

martes, 5 de mayo de 2009

RESULTADOS CONVOCATORIA TALLER LITERARIO JOSÉ FÉLIX FUENMAYOR 2009

El Taller Literario "José Félix Fuenmayor" felicita a sus nuevos integrantes:

Alberto Alandete Carballo
Hayat Akil Youssef
Luis Francisco Alarcón Noguera
Katherine Arrubla
David Cabarcas
Daniel Cadavid
Mary Calderón Bulla
César Castro Hernández
Patricia Lemus
Shirley López Jiménez
Fanny Cecilia Martínez Manotas
Katheryn Meléndez Solano
Patricia Pacheco
Adela M. Renowitzky Renowitzky
María Margarita Rojas Álvarez
Soraya Lucía Romero Donado
Sebastian Urrutia Ojeda
Dolly Vargas López

Agradecemos la puntual asistencia a la primera sesión:

Fecha: 9 de mayo de 2009
Lugar: Centro Cultural Comfamiliar
Cra. 54 # 59-167
Salón # 1
Horario: 2-6 P. M.

jueves, 16 de abril de 2009

CONVOCATORIA

El Taller Literario “José Félix Fuenmayor” convoca a la vinculación de 20 nuevos integrantes, de acuerdo con las siguientes condiciones:

• Ser mayor de 17 años o bachiller.
• Enviar hoja de vida resumida (máximo 15 líneas), con dirección electrónica, a más tardar el 30 de abril de 2009, a la siguiente dirección:
tallerjffuenmayor@hotmail.com
• Adjuntar texto literario, preferiblemente narrativo, no mayor de dos páginas (22 líneas por cada una) o, en su defecto, un escrito en el que el aspirante explique brevemente (máximo 15 líneas) la razón por la cual le gustaría hacer parte del taller.
Los resultados se darán a conocer en el blog del Taller (www.taller fuenmayor.blogspot.com) el día 5 de mayo.
• Sitio de reunión: Centro Cultural Comfamiliar
• Horario: sábados 2-6 P.M.
• Se aclara que la vinculación al taller tiene el carácter de una beca, por lo que tanto la inscripción como la efectiva vinculación de quienes resulten seleccionados carecen de costo.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Para tomar en cuento

Se puede ser un buen hombre y escribir malos versos.
Molière

Hay dos clases de escritores mediocres: los que escriben demasiado mal y los que escriben demasiado bien.
Marcel Proust

La literatura es básica. El mismo lenguaje que se utiliza para describir una puesta de sol puede usarse para comprar una chuleta de cerdo.
Jhon Cheever

No se escribe con las canas sino con el entendimiento, el cual suele mejorarse con los años.
Miguel de Cervantes Saavedra

Y la primera ley, creador: crear. Bufe el eunuco. Cuando una musa te dé un hijo, queden las otras ocho encinta.
Rubén Darío

Abuelo, preciso es decíroslo: mi esposa es de mi tierra; mi querida, de París.
Rubén Darío

Canto y cuento es la poesía: se canta una bella historia contando su melodía.
Antonio Machado

Cuando un poeta adquiere un estilo, una manera, deja de ser poeta y se convierte en constructor de artefactos literarios.
Octavio Paz

Moderación en todo, pues hasta en medio del mismo torrente, tempestad y aun podría decir torbellino de tu pasión, debes tener y mostrar aquella templanza que hace verdadera la expresión.
William Shakespeare

No seas tampoco demasiado tímido, en esto tu propia discreción debe guiarte. Que la acción responda a la palabra y la palabra a la acción, poniendo un especial cuidado en no traspasar los límites de la sencillez de la naturaleza…
William Shakespeare

Si se recarga la expresión o si esta languidece, por más que ello haga reír a los ignorantes, no podrá menos de disgustar a los discretos, cuyo dictamen, aunque se trate de un solo hombre, debe pesar más en vuestra estima que el de todo un público compuesto de los otros.
William Shakespeare

Cuento # 4


EL ÁNGEL

Rosa Peñaranda
Empecé a interesarme en Edy Navarro cuando la vi vestida de ángel con una túnica de color azul, unas enormes alas que me parecieron preciosas y un pequeño aro dorado sobre su cabello rubio. Esa procesión del Sagrado Corazón con la imagen acompañada de dos ángeles, uno azul y otro rosado (el rosado jamás me agradó), me obsesionó a tal punto que lloraba y pataleaba todos los días porque yo no quería llamarme Rosa, quería llamarme Edy y quería ser ángel y quería ser rubia y quería que mi cabello, negro y lacio, por arte de magia, se prestara para los gajos, bucles y rizos que Edy Navarro lucía el día de la procesión.
Fueron dos años de amargura. Aunque éramos vecinas, mi mamá se negó a relacionarse con la mamá de Edy y menos aún a informarse sobre los requisitos necesarios para ser ángel. Logró de mí, sin embargo, una conveniente obediencia cuando me dijo que seguro era necesario comportarse bien, por lo que traté de ser ordenada, de no pelear con mi hermano y obedecer en todo, a sabiendas de que eso no era suficiente.
Una vecina enterada del problema le sugirió a mi mamá que en los carnavales podía disfrazarme de ángel. Eso me molestó a tal punto que no le hablé más: yo no quería un disfraz, quería ser ángel con las alas azules y arrodillarme al lado del Sagrado Corazón. Deseaba ser como Edy, al menos tratarla, estar cerca de ella, pero no había mucha información: No tenía hermanos, estudiaba en otro colegio y sólo la veía de lejos los domingos en vespertina. En esos años, mis cuadernos de dibujo y de planas estaban llenos de ángeles azules porque me negaba a pintar los paisajes y frutas que eran la tarea.
Dos años después, al comenzar la temporada escolar en un nuevo colegio, el San Miguel del Rosario —decisión tomada por mi mamá como una medida curativa para que me saturara de ángeles porque allí el rosario y la misa eran obligación diaria—, en verdad encontré ángeles en el jardín, ángeles en la pila del agua bendita, ángeles con luces en el altar y, felicidad de felicidades, también encontré el ángel azul. En mi curso, cerca de mí estaba Edy Navarro. Me emocioné ante la idea de poder hablarle y preguntarle cómo se sentía de ángel. Pero me sorprendí cuando la hermana Genoveva, la principal a cargo del curso, al comprobar la asistencia llamó a Edith Navarro y el ángel, de pie, respondió: Presente. Qué desilusión. Edith me pareció un nombre simple, sin gracia, y cuando hablamos en los días siguientes, ni su voz ni sus ademanes me impresionaron. Su cabello no era de un color tan lindo como se veía a las cuatro de la tarde bajo los rayos del inclemente sol de junio y el aro dorado lo realzaba. Se comía las uñas y sus ojos no eran expresivos.
Una tarde, en la clase de costura, donde se nos permitía hablar y las monjas no insistían con lo de de la impureza, el demonio, el mundo y la carne, le dije lo linda que se veía vestida de ángel y lo mucho que yo deseaba estar en su lugar. Entonces me llevé otra sorpresa, porque Edith Navarro me respondió que no quería hablar de eso. Jamás quiso ser ángel, para ella significó un martirio. Su mamá había ofrecido dos ángeles al Sagrado Corazón para que se le realizara un milagro. Habló con el sacerdote de la parroquia, asumió los gastos y la llevó a los ensayos que debieron hacer durante un mes para no moverse y mantener una expresión distante durante el recorrido de la procesión. Edy odió a su mamá, a los ángeles, al sacerdote, a la otra niña, y a esas alas enormes de papel crespón que tanto la fastidiaron. Las rodillas, además, le quedaron en carne viva y ese horrible ropón de color azul le brotaba la piel. Estaba en este colegio porque su mamá, en acción de gracias, la envió con las monjas de La Presentación.
Para rematar, a ella no le gustaba su nombre, Edith, ni mucho menos Edy. Le parecían nombres bobos. Odiaba hasta su apellido porque unas niñas en el otro colegio se burlaban de ella y le decían que era el peor apellido porque si le quitaban el Na quedaba en Barro y si le quitaban el Barro quedaba en Na. Por todo eso no quería hablar de ángeles y mucho menos recordar lo que había sufrido por ellos.
No sabía si reír o llorar. No me atrevía a contarle a mi mamá y mucho menos a mi abuela, porque a ella también la odié en aquellos, mis últimos días angelicales. No le hablaba ni le recibía los regalos. Tampoco me comía las cocadas y las arrancamuelas que me traía, y destrocé la muñeca de trapo que me hizo en medio de una pataleta, cuando también le grité que por ser mi abuela y por llamarse Rosa, mi mamá no quiso cambiarme el nombre.
Ese mismo día, totalmente decepcionada, le dije a mi mamá a la hora del almuerzo:
—Ya no quiero ser ángel.
Y ella, con esa mirada y voz agradecida de quien cree en los milagros, respondió:
—Yo sabía que la Virgen me escucharía y que las monjas te harían entender. Sin embargo, a partir de hoy y por sugerencia de tu abuela te llamaremos Rochy.

lunes, 30 de junio de 2008

TERCER CUENTO


RUTA


Alberto Cortés De los Reyes


La gota brota de su ojo; recorre su mejilla, se bifurca en sus labios; se une en el mentón; baja por su cuello; llega a su seno; se hunde en él; penetra el corazón; viaja por su sangre; y la gota brota de su ojo; recorre su mejilla...

lunes, 21 de abril de 2008

Cuento # 2

JAQUE MATE

Alejandro Pérez Maury

Se abren las puertas y, ante la presencia del rey, aparece el guerrero vengador. Semidesnudo, con la cabellera alborotada y con numerosas heridas que mancillan su dorado cuerpo. Camina hacia el monarca espada en mano, con los ojos fijos, dispuesto a lanzarse cual felino hambriento.
El rey, resignado a una muerte inevitable, también lo mira con aire casi paternal mientras acaricia su barba rojiza.

—Detente un momento, muchacho. Aun te veo y no me explico cómo pudiste llegar hasta aquí. Quizás los dioses han protegido tu causa y a mí me castigan por mis pecados y excesos. Tú, un hombre mortal como todos has recorrido distancias inimaginables, has resistido los ataques naturales de un clima accidentado y, además, has sido uno de los pocos sobrevivientes de la horrorosa peste de las musarañas. El bosque de Goreb, hogar de abominaciones voraces hambrientas de sangre humana, no ha sido obstáculo para ti. Tu espada me dice las cruentas luchas que has librado con mis ejércitos diez veces más fuertes que el de Macedonia y, sin embargo, tú, un mortal como cualquiera, llevas en tus espaldas los cadáveres de miles de hombres de excelsa bravura. Atravesaste las murallas que protegen este impenetrable palacio, asesinaste a la guardia real y no se salvó cabeza alguna de mis cortesanos reales. No teniendo más opción, yo que te he esperado con zozobra en este refugio absurdo, he de darte una negra noticia. Soldado de la libertad: de nada te han servido tus asombrosas hazañas, pues, tu espada nunca derramará mi sangre y tu venganza será tan falsa como es cierto que, después de mí, habrán muchos que perpetuarán tus tribulaciones.

Dicho esto, el tirano desenvaina rápidamente su espada y con un movimiento prodigioso atraviesa su propio vientre y, de bruces, cae al suelo mientras la sangre mana con tanta afluencia que pronto inunda los pies del noble guerrero.

Cuando el suicida expira, la figura fantasmagórica del muchacho de bronce desaparece en la niebla nocturna.