miércoles, 17 de febrero de 2016

Resultados de la convocatoria 2016

Se informa que los resultados de la convocatoria serán publicados en este blog el próximo viernes, 19 de febrero, y que la primera sesión será el sábado 20 de febrero de dos a seis de la tarde en el Centro Cultural Comfamiliar de la carrera 54 # 59-167. Salón # 1. 

Taller José Félix Fuenmayor cumple 10 años ‘literarios’. Nota en El Heraldo



Por Katherin Melendez 

La obra y la memoria del escritor José Félix Fuenmayor es homenajeada, desde hace diez años, por el taller literario que lleva su nombre en Barranquilla. Se trata de un espacio dedicado al disfrute literario, como parte de la Red de escritura creativa Relata, del Ministerio de Cultura.

 “Estudiamos la literatura con miras a darle herramientas a las personas que está interesadas en construir un proyecto literario”, explica Antonio Silvera, poeta, especialista en Literatura del Caribe y director del taller de Relata en Barranquilla.

 Para Silvera el objetivo es que a partir de la experiencia práctica, del ejercicio de la escritura y la dinámica de compartir lecturas se fortalezca el proceso individual de cada tallerista. Todo lo anterior es apoyado por la red de Mincultura – son 56 talleres en todo el país– que posibilita el contacto con escritores destacados. Fue el caso de la visita, el pasado noviembre, de la escritora boliviana Magela Baudoin, ganadora del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez 2015.

 Luis Mallarino, poeta y narrador ganador del concurso de cuento de Comfamiliar, quien hace parte de las antologías como la Poetas bajo palabra, destaca esta posibilidad de diálogo con escritores.

 “Hemos tenido la oportunidad de dialogar con autores de la talla de Cristian Valencia o Felipe Zuleta. Algunos compañeros compartieron lecturas con Evelio Rosero y Jairo Aníbal Niño”, señala Mallarino.

 Convocatoria. Como parte del aniversario número diez el espacio cultural abre la convocatoria para nuevos integrantes, que podrán postularse enviando su hoja de vida, junto a un poema o relato de máximo 4 páginas al correo electrónico tallerjffuenmayor@hotmail.com.

 El taller está dirigido personas mayores de 16 años. Para Antonio Silvera este taller que rememora con su nombre a Fuenmayor busca hacer lo que él hizo con autores como García Márquez y Cepeda Samudio, servir de mentores para que los nuevas plumas del Caribe desarrollen su potencial.

lunes, 1 de febrero de 2016

CONVOCATORIA 2016

TALLER LITERARIO “JOSÉ FÉLIX FUENMAYOR”




El Taller Literario “José Félix Fuenmayor” funciona en Barranquilla hace diez años y desde entonces también hace parte del programa RELATA (Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa) del Ministerio de Cultura. Cuenta con el apoyo del Banco de la República y del Centro Cultural Comfamiliar. Es dirigido por el escritor Antonio Silvera Arenas y sus sesiones se llevan a cabo los sábados de 2 a 6 P. M.

Su blog es: http://www.tallerfuenmayor.blogspot.com/, y su dirección electrónica: tallerjffuenmayor@hotmail.com

El objetivo fundamental del Taller consiste en propiciar las condiciones necesarias para que los integrantes elaboren textos cargados de valor estético, particularmente en el género del cuento; sin embargo, el Taller no es ajeno a las demás manifestaciones de la literatura: poesía, novela, dramaturgia, ensayo, crónica…

Desde el inicio de sus sesiones en 2006, el Taller “José Félix Fuenmayor” ha obtenido importantes resultados, expresados en reconocimientos como el Mejor Taller RENATA 2009, la obtención de estímulos del Ministerio de Cultura para la edición de su antología 2010, El cuento sigue (2010) y Mientras haya cuentos (2013), la obtención de primeros premios y menciones de honor, así como publicaciones individuales de varios de sus integrantes y la selección de textos de los mismos en las antologías nacionales de la Red RELATA, Este verde país (2008), Suenan voces (2009), Antología de Cuentos Talleres Literarios 2010, Antología RELATA 2011, Antología RELATA 2012, Antología RELATA 2013, Antología RELATA 2014 y Antología RELATA 2015, así como de la obra Gestación. Nuevos narradores y poetas del Caribe colombiano (2015), que recoge una muestra de autores del Caribe que han participado en el programa RELATA. Asimismo, como parte del proyecto, se han publicado las antologías Para tomar en cuento (2008) y Así va el cuento (2009). De todas estas publicaciones han hecho parte algunos de los más promisorios autores de Barranquilla y el Caribe colombiano, entre los que cabe mencionar a Mayra Alejandra Díaz, Pedro Losada López, Claudia Lama Andonie, Luis Mallarino, Patricia Lemus Guzmán, Domingo Bolívar, Adolfo Ceballos, Ricardo Llinás, Daniel Carbonel, Juan Francisco Miranda, Andreis Camero o Katia De la Cruz García.





Como integrante de la red RELATA, el Taller cuenta con la figura de escritores acompañantes, quienes hacen las veces de tutores del mismo y cuya función concreta ha sido cumplida por importantes autores nacionales como Ramón Illán Bacca, Cristian Valencia, Antonio García Ángel, Nahum Montt, Roberto Burgos Cantor, José Zuleta, Alberto Salcedo Ramos, Pilar Quintana y Felipe García.


Convocatoria

El Taller Literario “José Félix Fuenmayor” convoca a la vinculación de 15 nuevos integrantes, de acuerdo con las siguientes condiciones:

• Ser mayor de 16 años o bachiller.

• Enviar hoja de vida resumida (máximo 15 líneas), con dirección electrónica, a más tardar el 15 de febrero de 2015, a la siguiente dirección:
tallerjffuenmayor@hotmail.com

• Adjuntar texto literario, preferiblemente narrativo, no mayor de cuatro páginas (22 líneas por cada una) o, en su defecto, un escrito en el que el aspirante explique brevemente (máximo 20 líneas) la razón por la cual le gustaría hacer parte del grupo. Los resultados se darán a conocer en el blog del Taller (www.taller fuenmayor.blogspot.com) el día 17 de febrero y las sesiones con los nuevos integrantes se iniciarán el 20 de febrero.

• Sitio de reunión: Centro Cultural Comfamiliar.

• Horario: sábados 2-6 P.M.

• Se aclara que tanto la inscripción como la efectiva vinculación de quienes resulten seleccionados carecen de costos monetarios.



jueves, 4 de junio de 2015

Carpe Diem

Bitácora de la sesión del sábado 30 de mayo.


Por Domingo José Bolívar Peralta


Un día pleno de sol. Centros comerciales sonrientes. Restaurantes con el corazón contento. La embriaguez de las tiendas, cantinas, estaderos, bares, discotecas (al calor de las frías no hay diferencias). Saludables parques y gimnasios. Burdeles donde se le saca provecho al polvo que somos. Etcétera.

 Quinto Horacio Flaco (los cuatro anteriores menos flacos que él, poeta al fin y al cabo) ha dicho (por encima de las sutilezas de las traducciones, la esencia): vita brevis.

 En tanto que Garcilaso (imagen poética de una garza con su pico tocando la mitad de su cuello: un lazo; pero este lazo es con ‘z’, y los españoles la pronuncian. Más bien trata de una garcita con el cuello laso [y ahí sí, hace el lazo]) de la Vega dice: ni a contemplar tu belleza se detiene.

 Visualiza entonces Pierre de Ronsard (algo pagado de sí mismo, como todo gran poeta) un suspiro melancólico y marchito, sepultos ya sus huesos. Y clama: ¡no esperes el mañana!

 No hay carne que no se pudra; sólo Natura estrena Primaveras, murmuró Rubén Darío («¿Hernández?» «¡Nooo! Ése ya no es capaz de hacer un pique»), poeta de precoz otoño.

 ¡Ay! ¿Será que participo? Me da vergüenza. No estoy a la altura. Al final, deshojé la margarita (Margarita no vino. Quizá se fue a comer helado y luego a cantar en un karaoke. Aprovechar el día, en vez de estar metida en un cubo Rubik), y dijo: ¡sí, hazlo ahora, es el momento! Sólo dije que es mejor estar borracho, o algo así. ¡Ellos son tan altos!

 Antes de que se leyeran los últimos versos, Juan Carlos Onetti vino y nos lanzó (siempre hay leña dispuesta a arder) un fósforo encendido, en prosa: Las mellizas.

 Un lenguaje nada exuberante, hasta coloquial. “La verdadera Melliza”, quince años de miseria, flacura, con “cara pequeña e inocente”, y una forma de ser que choca con el ambiente sórdido de la vida de la calle y con la practicidad materialista de su hermana. Famélica prostituta que no cobra: espera a que el cliente pague, si quiere. Vive el momento. Cándida criatura, “carente de piedad”, que fue un motivo de sorpresa diaria, durante incontados (esta palabra me la corrige Word y no está en el diccionario; pero se entiende y me sirve) días, para un narrador que la recordará quince años después. No cuento más el cuento: mejor es que lo lean.

 No cuento más el cuento, pero sí debo contar el incendio. En resumidas cuentas, dos posiciones hermenéuticas (esta palabrota le debe de gustar a Andreis): una considera que el narrador se enamoró de la desgraciada agraciada joven, y la otra considera que lo que lo atrajo a ella fue el extraño candor (incompatible con el mundo alrededor de ella y su oficio) de la chica y se involucró en su miseria por compasión y por su sorpresa diaria.

 Si los poetas nos decían que había que aprovechar el momento, tomar lo que la vida nos ofrece y sacarle el mayor provecho, sin aplazamientos ni proyecciones futuras (aunque Ronsard sí fue al futuro, pero justamente para decir esto: ¡ahora!), este cuento nos muestra una versión más sombría de ese vivir la vida sin esperar más. La “Melliza segunda” cobra por sus servicios, tiene un aspecto más saludable... La “Melliza verdadera” tiene pesadillas por las noches y es despreocupada en el día. El narrador está fascinado por ella, tan fascinado que al final desea... (¿había dicho que no iba a contar más el cuento? Dispensen este pequeño desliz) Léelo. Ese final también nos puso a discutir.

Esta divergencia de interpretaciones encendió los ánimos de pugilato (exceptuando a Patricia, quien no está interesada en subir al cuadrilátero, porque es cosa del Patri-arcado) y se presentaron algunos retos. ¿Rayza Mar contra Mar Llarino?

Después de todo, la sugerencia del último poema fue tenida en cuenta por algunos compañeros: salimos juntos a beber el licor dorado, porque mañana no se sabe.

jueves, 28 de mayo de 2015

EL PENÚLTIMO ROUND


Bitácora de la sesión del sábado 16 de mayo
Por: Andreis Camero

Un amague de lluvia en el cielo a las dos de la tarde amenazaba con dañar la partida, la promoción del combate ya navegaba en la red. Los espectadores, como de costumbre, empezaron a llegar a cuenta gotas, hasta que fueron un número respetable y coherente con esta contienda literaria.

Lo primero que salió al cuadrilátero, antes de la pelea, fueron agradables comentarios sobre Una triste aventura de 14 sabios, novela corta de José Félix Fuenmayor, que narra a su vez un cuento cuyo autor es un  personaje llamado el señor Currés, quien aprovecha una discusión sobre la sabiduría, para leer su historia a un público que va cambiando a lo largo del texto. Esto parecería un relato convencional a simple vista; sin embargo, lo ingenioso de la cuestión, es la capacidad del autor para presentar sus opiniones sobre el arte de narrar, y las distintas dificultades que debe afrontar un narrador para poder contar una historia que logre por lo menos ser funcional. Aunque a muchos no les gustó el final del cuento narrado por el señor Currés (Patricia encontró aparatoso la conversión de uno de los sabios en hechicero negro, y a Andreis le pareció poco creíble la muerte de Cabrillitas el piloto fortachón del aeroplano), todos coincidimos en la gran capacidad de Fuenmayor para exponer sus percepciones e interrogantes sobre el arte de narrar.

Con el pasar de los minutos, los sorbos de café, los silencios repentinos, el ruidoso aire acondicionado que empezaba a enfriar demasiado, la expectativa y la tensión por el combate iban en continuo aumento.

Antonio Silvera nos presentó el microrrelato Pequeños cuerpos, de Triunfo Arciniegas. Lo escribió en el tablero mientras los espectadores conversábamos sobre la posibilidad de realizar un texto cuyo argumento fuera otro texto; en el caso del microrrelato, amplificar las posibilidades narrativas que el autor original nos presenta. El cuento Pequeños cuerpos, por ejemplo, constaba tan solo de tres frases y veintidós palabras, volumen suficiente para desarrollar toda la historia que, sin duda, es alimentada por la mirada del lector. La propuesta era clara; construir a partir de lo ya establecido, y desarrollar un texto que tuviera como punto de partida, el microrelato. Por supuesto que el ejercicio también funciona a la inversa; reducir una historia mucho más amplia a su mínima expresión, apartando cualquier posibilidad de adorno retórico o estético, y limitándose a contar el suceso sin perder la tensión, ni la funcionalidad del texto como relato de ficción.

Recuerdo que este último ejercicio lo realizamos el año pasado. El cuento elegido en aquella oportunidad fue El milagro secreto de Jorge Luis Borges. Entonces algunos asumimos con entusiasmo el reto conociendo la dificultad de encontrar algo que cercenar en la obra tan precisa de Borges. Yo aún no termino de escribir mi versión.

En fin, el tiempo pasaba y ya era inminente el comienzo de la contienda. El primero en llegar fue el retador:Adolfo, quien se encontraba mezclado en el público. Pedro llegó un poco más tarde mascando un chicle. La mesa estaba servida, en el cuadrilátero literario Silvera oficiaba de juez, mientras la multitud minoritaria esperaba con ansias el comienzo del primer round.

Los dos contrincantes, en una de esas sesiones posteriores al taller, se habían retado a escribir un cuento sobre Hemingway, y después de organizarlo todo, al fin estaba el escenario perfecto para que sucediera.

El primero en subir a exponer sus armas literarias fue Adolfo, su texto se titulaba “Al calor de la tarde”. Desde el principio el cuento entró con un epígrafe impactante, del nobel estadounidense. Luego comenzamos una historia con el estilo riguroso que caracteriza a Adolfo. Todo comenzó con el despertar de un mal sueño, después, la búsqueda de una botella de whiskey por toda la casa, al tiempo que se alternaba con algunos recuerdos de la vida del futuro suicida. Aunque ya conocíamos el desenlace de la historia, era inevitable conmoverse con la narración y sentir un poco de lástima por ese pobre viejo que, finalmente termina recordando que no es un trago lo que busca sino una escopeta. Adolfo no nos narra en detalle el momento específico de la muerte, pero deja a un hombre medio borracho y con problemas mentales, portando una escopeta y en la búsqueda de segar para siempre su gloriosa existencia.

Los golpes a Adolfo no llegaron de su oponente, sino del mismo público: que el autor no fue capaz de explorar la fuerza emocional del acontecimiento, que más que un cuento simplemente estábamos ante la presentación detallada de la última hora del escritor de Los Asesinos. Claudia mencionó un detalle supremamente importante para cualquier narrador: en el espacio que transcurre desde que el personaje se levanta de la cama hasta el momento en que se suicida solo realiza tres acciones, que en perspectiva de Claudia, son demasiado escasas, para todo lo que nos cuenta el narrador del personaje.

Llegó entonces el momento de Pedro. Su texto se titulaba “Y también había un lápiz”. El narrador parte de la mudanza del personaje a Estados Unidos proveniente de Cuba, y con la promesa a su mujer de sacar el alcohol de su vida. La narración presentada por Pedro, ofrece una visión mucho más íntima y matizada de los últimos momentos del personaje. El progreso de su delirio que lo lleva a actuar como si viviera en algunos de sus cuentos, haciendo referencias precisas y citas a los mismos, la constante alusión a la máquina de escribir, y finalmente su suicidio, encerrado en el cuarto de armas, constituyen el cuerpo de este relato.

Al finalizar la lectura los golpes no se hicieron esperar, para todos fue evidente que el título no coincidía mucho con lo narrado a lo largo de la historia (el autor explicó después que Hemingway solo podía escribir a lápiz), además, el texto no tenía mucho orden desde el punto de vista formal, algo en lo que sí era fuerte el texto de Adolfo.

Ya al caer la tarde, el juez determinó el empate técnico, mas allá de los calores y apasionamientos del público, los dos peleadores se dieron la mano, y antes de marcharnos, Pedro entrego al público un paquete de copias, con el título Los Asesinos, cuento escrito por Hemingway. En ese instante todos supimos que este reto, aún no había terminado, y solo habíamos llegado al penúltimo round, porque la literatura siempre ofrece una oportunidad para seguir peleando.

viernes, 1 de mayo de 2015

Los mismos asuntos

Bitácora de la sesión del dieciocho de abril de 2015

Por Domingo José Bolívar Peralta


Luego de las indispensables conversaciones ligeras sobre cualquier cosa, Antonio Silvera Arenas aterrizó el coloquio en un nombre: Gabriel García Márquez. Que su obra tiene de esto y de aquello, de fulano y zutano... Influencias que siempre se están rastreando en todo lo que escribió, interpretaciones que, como recordó Andreis lo ocurrido a Julio Cortázar en una entrevista, incluso sorprenden a los autores.

Y la discusión en torno a las influencias del autor y las interpretaciones de su obra, fue rica en participación y puntos de vista que no siempre fueron convergentes. Silvera se esforzó en demostrar lo determinante que fue la influencia de José Félix Fuenmayor para que García Márquez contextualizara sus historias en el Caribe y en la utilización de un lenguaje, de una forma de contar, más propio del caribeño. Hizo mención, a su vez, de la polémica generada cuando Jorge García Usta se enfrentó a Jacques Gillard por la prominencia que este último le dio a Barranquilla como ciudad de formación literaria del hombre del liqui liqui, en detrimento de Cartagena, donde Gabo trabajó como periodista y conoció personajes que también le abrieron puertas en el mundo de la literatura.

Y en este asunto de influencias e interpretaciones desfilaron ante nosotros Kafka, La Biblia, lo descabellado, Faulkner, Cepeda Samudio, el inconsciente, Sófocles, Harold Bloom, Rafael Escalona, los chinos, Eduardo Carranza, la subjetividad... Me pregunto si El Tuerto López le guiñó el ojo mientras estuvo en Cartagena (o antes, o después. O antes, durante y después).

Luego nos pusimos las piernas de Caterine Ibargüen para saltar de Macondo a la Isla Esmeralda. Seamus Heaney habla de tres generaciones (abuelo, padre e hijo) que trabajan con las manos; los dos primeros cavan la tierra con la pala, el tercero cava en el ser con la pluma. Entonces volvió el juego de las suposiciones: las influencias, las interpretaciones. Jean Arthur Rimbaud había dicho “La mano en la pluma vale tanto como la mano en el arado”, o “La mano de pluma vale igual que la mano de arado”, o “La mano que maneja la pluma vale tanto como la que conduce el arado”. Silvera hizo énfasis en la naturalidad con que se expresa Heaney, la forma de tratar temas complejos desprovisto de grandilocuencia, desde escenas sencillas de la vida cotidiana. Tan sencillo que parece fácil, pero no; en literatura la sencillez suele ser difícil, una cosa es la sencillez y otra muy distinta la ramplonería y lo descuidado. Ah, también analizamos un poco, con este poema, las sutilezas que se pueden perder en las traducciones, en especial cuando se trata de poesía (ahí está el ejemplo en tan sólo una frase traducida del francés al español).

Nuestro director tuvo que irse, mas nos dejó en “La mano extendida” de Juan Miranda. Este cuento, leído por su mismo autor, tiene esa frescura que caracteriza a las narraciones de Juan. Trata de un boxeador fracasado y pillo, que un día descubre lo beneficioso que resulta pedir limosnas; mas nada en esta vida es regalado, así que tiene que enfrentarse a situaciones complicadas para seguir ejerciendo su respetable profesión, como cambiar de domicilio laboral y de personaje (de mudo a tembeleque).

Al finalizar nuestro apreciado compañero su lectura, como es costumbre y fue solicitado por Juan, los demás asistentes comentamos su texto y dimos algunas sugerencias para afinarlo. Entonces surgió otra controversia: la de qué tan válido o no es ubicar un relato en una ciudad tan particular como Barranquilla, el uso de las jergas propias de los barranquilleros, la mención de lugares... Más no quedó en esto. También se habló de las dificultades inherentes al utilizar un narrador en primera persona, de lo que es un estilo personal... En fin, se habló de literatura: los mismos temas que se repiten una y otra vez, siempre vistos de manera diferente, en contextos diferentes; siempre cautivadores, polémicos. Es todo esto, me parece, razón suficiente para luchar contra el Universo cuando conspira no a nuestro favor (lástima que no sea siempre a nuestro favor, como dice Coelho), cada sábado (admito que he perdido demasiadas veces la pelea), y volvemos al ámbito donde es posible encontrarnos con los grandes literatos y compañeros de taller.

Otra cosa: Juan Miranda nos presentó el libro que fue escrito por niños del taller que él dirige en Puerto Colombia y Salgar. De lo que llevo leído hasta ahora, hay un cuento que me ha llamado muchísimo la atención, escrito por Tatiana Cabrera Conrado, de 13 años de edad. El cuento se titula El sapito que comía princesas. Hay causticidad en ese cuento.

Como es habitual desde hace ya un tiempo, el taller se prolongó un poco más en la tienda.

Para finalizar, comparto con ustedes dos enlaces que tienen que ver con nuestros dos primeros autores leídos y discutidos: Gabo y Heaney.


lunes, 6 de abril de 2015

LO SOSPECHÉ DESDE UN PRINCIPIO

Bitácora de la sesión del sábado 21 de marzo de 2015


Por: María Margarita Rojas Álvarez


Cuando el profesor Antonio Silvera empezó a mirar a los talleristas, buscando a quién asignar la escritura de la bitácora, yo deseé tomarme una pastilla de chiquitolina, pero con mi contextura necesitaría un frasco. Decidí guardar silencio para no hacerme notar. Tal como sospechaba, una voz (que no era la de mi conciencia) dijo “Margarita no ha redactado ni una bitácora” y mi ego habló: “profesor, yo hice una a manera de carta”, la voz delatora y las antenitas de vinil empezaron a titilar y me di cuenta de que no tendría escapatoria. Así que aquí estoy, tratando de hacer lo que sospeché desde un principio.

No fui la única en ponerme las antenitas de vinil, todos los asistentes se acomodaron las suyas cuando escucharon uno de los poemas del libro “El fantasma de la alondra”. Los versos de “Y el cayado era un arma” nos invitaron a buscar en nuestra conciencia lectora la obra con la cual dialogaba esta poesía. Como expresó el director del taller y autor del poema: “La literatura es un diálogo, los textos que los han precedido dialogan con los nuevos”. Tal como sospechábamos, al profesor lo “chispeó” el relato de Caín y Abel, este poema se relacionaba con el primer homicidio de la Biblia. La poesía nos dejó el sabor de que Abel pudo haber hecho lo mismo que Caín, solo que éste se le adelantó.

Para mantener el halo de santidad y evadirnos de toda sospecha de pecado, Patricia compartió la poesía “La mujer de Lot” de Wislawa Szymborska; nombre que César pronunció con la propiedad de un polaco. Varios versos recordaron lo humano del Génesis que sigue vigente en el apocalipsis que vivimos: “Tal vez miré hacia atrás… Para no mirar más la nuca justa de mi marido, Lot. Por la seguridad repentina de que si yo muriera, él no se detendría. Por la desobediencia natural de los humildes”. Las féminas recordamos estos versos con gratitud y solidaridad. ¿Hubiéramos hecho lo mismo que la mujer de Lot?

Luego Andreis, iluminado por la brillante luz del dios Google que mora en su Smartphone, leyó la Rima IV de Gustavo Adolfo Bécquer: “No digáis que, agotado su tesoro, /de asuntos falta, enmudeció la lira; /podrá no haber poetas; pero siempre /habrá poesía…” Con otro de sus poemas el profesor Silvera le responde a Bécquer que en esta dictadura del ruido y del metal donde hasta la muerte ha perdido su dignidad, aún abundan las mujeres bellas, mas no hay poesía. En estos tiempos la naturaleza ha perdido su belleza y el lenguaje ha vuelto a los monosílabos de los principios de la humanidad. Tal vez por ello el título del poema:¡Bah!.

El profesor Silvera continuó leyendo sus poemas omitiendo a propósito los títulos, pero esta vez nuestra conciencia lectora no alcanzó a sospechar los textos con los que habían dialogado sus poesías “Epitafio para Jack London” y “Otra vez la hormiga y la cigarra”. En ocasiones, el título es necesario para significar y darle sentido al escrito. Por esto, Hernando lo primero que hizo al sentarse en el banquillo de los escritores fue leer el título de su tarea: “La confrontación”. En este cuento la naturaleza volvió, pero no la del Génesis ni la de Bécquer, si no la que Rivera describió en La Vorágine. En la selva del Brasil vivía el pequeño Makú, indígena valiente, según los miembros de la tribu, pero en realidad él y sus guerreros salían a jugar fútbol con los integrantes de un frente guerrillero colombiano. Makú amaba a la comandante del grupo rebelde, pero ella no lo sabía. Era un amor, en palabras de Hernando, como el de Efraín y María.

Januario nos compartió un cuento en el que la naturaleza y el amor familiar eran los protagonistas. “Lodo” mostró la historia de Raúl y María quiénes tenían un bebé enfermo y vivían en medio de un lodo que iba aumentando y transformándose a medida que avanzaba la narración. El autor tomó como base el cuento de Gabriel García Márquez, “Un señor muy viejo con unas alas enormes”.

Como los hombres no se convirtieron en estatua de sal, ellos continuaron con la lectura de sus tareas. El turno fue para César, quien se apartó de los espacios de la creación para centrarse en La Bella y la Bestia con su relato titulado “No hay que soñar con ella”. El protagonista —un lector consumado— amaba a una joven que atendía una librería, la seguía desde lejos y presentía que aunque a ella le gustara “El fantasma de la ópera”, no le iba a gustar un hombre de piel manchada y rostro cubierto como él. Todos sospechamos que este texto estaba inspirado en La Bella y la Bestia.

Siguió Patricia con su texto: “Por culpa de Flaubert”. La voz poética propuso que si Emma Bovary hubiese tenido un esposo con las características de varios personajes de las obras de García Márquez, tal vez no se hubiese suicidado. Patricia, con su lectura, nos llevó a pensar que Flaubert se había equivocado al darle a Emma un esposo que en lugar de llenarla de amor y de pasión la llevó a la infidelidad y a la muerte.

Andreis también hizo la tarea. Con el poema “Despedida de un gato”, inspirado en la joven y seductora Holly Golightly, protagonista de Desayuno en Tiffany's, Andreis dejó claro que este personaje lo dejó fascinado y seguramente con su lectura despertó en más de uno las ganas de leer o releer esta obra de Capote.

La influencia de Cortázar se hizo presente y evidente en “Instrucciones para hacer instrucciones”, versos escritos por Sebastián, con los que pretendía hacer el génesis de las famosas instrucciones del autor argentino.

Cerramos la sesión escuchando la parte final del cuento “Un señor muy viejo con unas alas enormes”, y regenerados como las águilas, salimos con la esperanza de recibir en nuestros correos las actividades a realizar en estos quince días de receso.