lunes, 19 de julio de 2010

EL SEÑOR DE LOS DIENTES

Y aquí va nuestro tercer cuento en cuestión, de Angélica... No olviden comentarlo según los criterios propuestos (argumento, trama, narrador, personajes, ambiente, recursos literarios y lenguaje)

El señor de los dientes
Por: Angélica Rugeles

Cuando era pequeño, mi abuelo me arrancaba los dientes de leche con unos alicates, porque quería que me pareciera a un muñeco que él había visto en una feria. Yo intentaba calmarme, pensando que la llegada de los dientes nuevos pondría fin a mi sufrimiento. Sin embargo, mi hermana aseguraba que las cosas no sucederían de esa manera, sino que, por el contrario, mi abuelo nunca pararía de torturarme.

Crecí en un bosque, rodeado de animales. Mis padres vivían en otro país y mi hermana y yo nos quedábamos con mi abuelo.

A mis doce años ya tenía todos los dientes de hueso, y nada de lo vaticinado por mi hermana se hizo realidad. La acusé por mentirosa y le dije hasta el mal del que iba a morir por atormentarme. Ella simplemente volteó y me dijo en voz alta: «¡Eres un imbécil, en esa cabeza tan grande lo único que hay es aire!».

El día en que cumplí los dieciocho años, mi abuelo se acercó, me tomó de ambos brazos, me entregó una varilla de acero y me dijo: «Sujétala fuertemente, muchacho. Estaba esperando que te salieran las cordales para arrancarte todos los dientes otra vez».

viernes, 9 de julio de 2010

Las armas y las letras

Texto de nuestro director Antonio Silvera Arenas, publicado el pasado domingo cuatro de julio en la revista Dominical del periódico El Heraldo, a propósito de la celebración del Bicentenario de la Independencia de Colombia.


LAS ARMAS Y LAS LETRAS
por Antonio Silvera Arenas


En la fachada del reconstruido Palacio de Justicia de la capital colombiana, frente a la estatua de un Bolívar con atuendo de César y del edificio del Congreso con sus grifos tan fantásticos como los personajes que lo frecuentan, se puede leer la sentencia, también seguramente refaccionada, de Francisco de Paula Santander: “Colombianos, las armas os han dado independencia, las leyes os darán libertad”.

A estas alturas de la historia, es significativo que tales sean las reliquias de los padres de la patria: la de Bolívar, rotunda, de piedra y a espaldas del Capitolio; la de Santander, alta y atrapada en el muro monumental, como un condenado ante un paredón.

En mis años de estudiante de derecho, cuando pasaba ante el ancho dintel que lucía la filosófica sentencia antes de que un rocker y un tanque de guerra la borraran por primera vez, toda ella me parecía una contradicción.

Y es, en efecto, una contradicción porque las leyes son como cadenas que limitan nuestra libertad. Leyendo, sin embargo, algunos años después, las tragedias de los dramaturgos atenienses y los comentarios respectivos de Octavio Paz, entendí que el ser humano siempre está expuesto a traspasar los límites y las normas, y que la verdadera tragedia no ocurre cuando Edipo rompe el tabú y se casa con su madre, en quien engendra hijos e hijas.


miércoles, 30 de junio de 2010

ESTRATO SEIS

Y ahora el turno es para Claudia. Anímense a participar de acuerdo con los criterios propuestos: Argumento (originalidad y grado de interés de la historia), trama (orden de las acciones tal como aparece en el texto), conveniencia del narrador, grado de concretización de los personajes, idoneidad del ambiente (espacio y tiempo), pertinencia de los recursos literarios utilizados y lenguaje (propiedad léxica, sintaxis, puntuación y ortografía).

Estrato seis

Claudia Lama Andonie

Llevaba un buen tiempo queriendo acabar con su “problema de nervios”, así le llamaban. Ellos no querían cargar en la conciencia con su muerte así que cargaron con el peso de mantenerla sometida a la vida. Todo el tiempo estaba vigilada, no la dejaban sola ni un segundo hasta que una noche el sueño se volvió su cómplice. ¿Cómo saber si el sueño había vencido la vigilancia de su marido o si el marido se había dejado vencer o si se quiso hacer el vencido? No importaba, ella iba a aprovechar la oportunidad. Tenía que ser rápido y preciso no fuera a pasar lo de otras veces en las que le habían frustrado el intento.

La ventana estaba abierta para que entrara la brisa de febrero a refrescar. El níspero susurraba. Ella no gritó, lo que gritó fue el golpe y luego uno de sus hijos cuando se dio cuenta. No escuché ninguno de los dos, pero me los vinieron a avisar, a convertir un sueño tranquilo en vigilia de pesadilla. La policía llegó pronto, sin bulla. El marido se agarraba la cabeza mientras paseaba su angustia. Los hijos como perdidos en el acontecimiento. Alguno intentó un reproche al padre, pero fue silenciado enseguida. Adentro sólo se escuchaban pasos de un lado a otro y voces discretas. Afuera, un oficial hacía anotaciones, la camioneta blanca esperaba a que los hombres de blanco salieran cargando la plancha metálica con la bolsa negra. Después silencio, como si no hubiera pasado nada.

Supo caer desde la ventana de su cuarto en el segundo piso. Quedó allí, en el patio, desnucada bajo la sombra nocturna del níspero que arrulló su última voluntad. Así se mató mi vecina, la de al lado, la del marido adúltero que le metía en su propia casa a los hijos de las otras. La que protestó con un sonoro golpe una madrugada de febrero. A la que saludaba al salir de mi casa, la que se sentaba a ver jugar a su nieto en la entrada como cualquier abuela bonachona. La que vi algunas veces detrás de su ventana mirando a la calle con mirada de presa.

miércoles, 16 de junio de 2010

El último viaje II

Con la publicación de este cuento, iniciamos una nueva sección en nuestro blog que hemos denominado "El cuento en cuestión". Periódicamente, publicaremos un texto de un tallerista que haya sido leído y estudiado con anterioridad en las sesiones sabatinas, a fin de que los demás integrantes del Taller aporten con nuevos comentarios e indicaciones en alguno o cada uno de los siguientes aspectos: originalidad del argumento, eficacia de la trama y del ambiente, conveniencia del tipo de narrador escogido, concretización de los personajes, propiedad de los recursos literarios utilizados y propiedad del lenguaje. Adela, con su arrojo característico, ha sido la primera en lanzarse al agua. No creo que necesite salvavidas, pero a ningún nadador le sobran el cuidado y las voces de aliento de los espectadores.

A. S. A.


El Ultimo Viaje II (Las Aventuras de Flora)

Adela Renowitzky

I
Después del tremendo susto que pasó Flora con la Guardia de Carreteras, toda la familia pensó que escarmentaría y dejaría de contrabandear. Pasados unos meses, sólo bastó que el turco Farid le calentara el oído con promesas de ganancias fabulosas, para que cayera en sus redes. Y una sed de aventuras se apoderó de su espíritu.
Como llegaba la temporada de fiestas de fin de año, la gente estaba dispuesta a gastar y a endeudarse con tal de lucir y aparentar. Ella sabía que -con su experiencia- no habría en toda la región una persona que se la ganara en el mercadeo y en el conocimiento de los gustos de los habitantes de su pueblo. Nadie como ella recorría las tiendas del país vecino, en donde se surtía para complacer a su numerosa clientela.
Así que pronto se vio, otra vez, en los puertos de Venezuela, de visita en las perfumerías francesas, en el regateo para obtener telas finísimas por mejor precio, escogiendo el último grito de la moda en la casa Chanel y admirando las delicadas porcelanas Lladró, que tanto entusiasmaban a las niñas casaderas de Ciénaga.
Gastaba su dinero con tanto placer y elegancia que los mayoristas cedían a su antojo, rebajaban hasta el límite sus precios y sacrificaban parte sustancial de sus ganancias, para congraciarse con tan espléndida compradora.
Su misión solo terminó cuando no le quedó ni una moneda en sus bolsillos.

II
Flora descansa cuando zarpa el barco en donde viaja con su preciosa mercancía. Hasta Riohacha goza de tranquilidad. Allí abandona la nave, dejando en manos del Capitán Trejos las maniobras de antemano acordadas con la Guardia Costera. El turco Farid ha sido encargado de esa vuelta, que enriquecerá con un buen billete a ese par de bandidos disfrazados de policías.
Y ya se acercan furtivamente a Ciénaga para el descargue.

III
Mientras tanto Flora, en su casa -en la penumbra- prende cirios a la virgen de la Merced; y con la familia reunida reza el rosario.
Ante tanta ansiedad, Luisa -su madre- le implora de rodillas que éste sea el último viaje. Y ella, en la angustia de la espera, lo acepta y lo promete. Pero no está segura de cumplirlo en el futuro. Nadie manda en Flora, sino ella misma.
Las horas pasan lentas, sin noticias. El cirio está apagado. Han terminado los tres rosarios con los Dolorosos, los Gozosos y los Gloriosos. Ya no hay más misterios que rezar. Cada uno se acomoda lo mejor que puede: en el sofá, en la mecedora, en las hamacas. Caen en una duermevela, colmada de sobresaltos y pesadillas.
IV
El Capitán Trejos piensa que ésta es la fecha perfecta para llevar a cabo la aventura. Avanza callado, en su nave, en medio de la oscuridad de una noche sin luna, confiando el rumbo a las estrellas y en la componenda que el turco Farid ha culminado con los guardas. De vez en cuando una luz en la orilla lo anima. Ya casi coronan. Sueña con las promesas de riquezas para él y su tripulación.
Son las vísperas de la novena patronal y los grupos de amigos comienzan a llegar a la plaza, para los festejos. La población está distraída con juegos de azar y fuegos artificiales. Las parejas ingresan a la rueda del cumbión y no cesan de bailar, mientras los músicos, como en un trance místico, sudan, se emborrachan y siguen tocando sin parar. Las playas están desiertas.
Diez pares de ojos vigilan desde el barco, mientras la Guardia Costera se acerca sigilosa. Un movimiento imprevisto delata a los visitantes. Hay gran preocupación entre los marineros que no pueden dejarse atrapar con el contrabando a bordo, porque irían a la cárcel.
¨Desde la distancia se oye: “¡Allá, en el barco! ¡La Guardia con el Comandante Espitia subirá a requisa!”
“¡Turco de mierda!” –se lamenta Trejos- “¡Le dije que contactara al Comandante Paredes, el que acepta todos los sobornos! ¡Y se mete con Espitia, el malparido cachaco que nos odia a muerte!”
Y, presuroso, contra su voluntad, avisa a sus hombres: “¡Abortar Operación Flora!”
La tripulación sigue la orden recibida de su Capitán y la ejecuta sin contemplaciones. A una, nerviosos y desesperados, los marineros tiran los bultos al agua y se olvidan de los sueños de una fácil fortuna, de mujeres y de juergas interminables.
V
Son las dos y treinta de la madrugada. Una gritería despierta a Flora y a sus parientes. Curiosos se asoman detrás de las persianas. Pareciera que todo el pueblo estuviera disfrutando de las fiestas y carnavales.
Lo cierto es que para muchos son los mejores festejos en años. Corren cargados con porcelanas, perfumes, cortes franceses y bellos vestidos. Con gritos avisan a sus familiares, para que todos se aprovechen del botín que llega flotando hasta la orilla.
Flora siente un frío de muerte. ¡Qué ganas de salir corriendo a rescatar lo que le pertenece!
Pero sabe que está perdida y se declara a si misma impotente ante los hechos cumplidos. Ha caído en una trampa. Ante los presentes reconoce su desgracia y les da la orden de callar -para siempre- el terrible final de su osadía. No puede llorar sobre la pérdida de su fortuna, ni levantar la más mínima sospecha porque el pueblo entero estará pendiente de su reacción; los mismos que ayer le compraban cremas y perfumes, hoy, al menor descuido, estarán prestos a darle la puñalada.
Y, enfática, les recuerda que en su discreción está comprometida su libertad. Nadie podrá descubrir, jamás, su fracaso. Será otro secreto que la familia habrá de llevarse a la tumba.
VI
A las siete de la mañana la visita el Comandante de la Guardia Costera. Ella intuye que es el mismo hombre que la ha traicionado.
Empolvada y perfumada lo recibe con una sonrisa. Imposible pensar que es la misma Flora ojerosa y destrozada, que apenas ha dormido dos horas.
“¿Sabes del alijo que cayó anoche en el puerto?” Le pregunta el Comandante, escrutador.
Y ella, como si nada le importara, le contesta: “¡Señor! ¡Cómo no enterarme con la tremenda bulla que nos despertó en la madrugada!”
“Era tu cargamento, Flora.” Y la mira a los ojos, deseando desenmascararla.
Ella, insolente, le sostiene la mirada. “¡Cómo se le ocurre, Comandante! ¡No sé de qué está usted hablando!”
Disimula su pena, aunque desespera por volver a la soledad de sus desdichas. Luego de hablar de algunas cosas intrascendentes y de compartir un interminable café, lo despide cortés y cierra la puerta.
Sola, sin nadie alrededor, se desploma en el sofá.
Ahora sabe que, definitivamente, éste ha sido su último viaje.

miércoles, 2 de junio de 2010

VISITA DE ANTONIO GARCÍA ÁNGEL

Los días 4 y 5 de junio, el escritor Antonio García Ángel visitará por segunda ocasión nuestro taller en cumplimiento de su labor como escritor asociado. Además del trabajo con el grupo, García Ángel, quien recientemente publicó su tercer libro, Animales domésticos, presentará una conferencia abierta al público acerca de la novela criminal en la Sala Múltiple del Teatro Amira de la Rosa. Esta conferencia se llevará a cabo el viernes 4 de junio a las 3 P.M.

Como un abrebocas de esta visita, presentamos un fragmento de uno de los cuentos que integran el último libro del escritor caleño.



Números redondos
(Fragmento)

-¿Sabías que hace tiempo perdí la cuenta de cuántas veces lo hemos hecho?
-No.
-Llegué como a treinta y cinco y de ahí en adelante se me fue olvidando contar.
-Mejor así.
Están a oscuras. Nadia lo abraza por la espalda. Los pies entrelazados. Afuera llueve.
-En realidad fue desde que empecé con Sebastián.
-Es raro oírte decirle así, antes era Peralta.
-Antes.
Suena el celular de Nadia. Ella se voltea, mira la pantalla, dice "Hablando del rey de Roma" y contesta.
-Aló. Hola. ¿Cómo llegaste? Yo, bien. Aquí, en la camita. Está haciendo un frío... ¿Qué tal el hotel? Ay, mi amorcito, me encantaría estar allá contigo.
Raúl se aparta, enciende la lámpara de su lado. Nadia continúa hablando, melosa, consentida, se despide con un sonoro beso.
-"Mi amor" -recalca él.
-Mi amorcito -corrige ella.
-¿Y si le da por llamarte al fijo?
-Siempre llama al celular.
-Yo sé que no puedo hacer reclamos, pero... -Raúl mira a la ventana de su cuarto. El cielo está negro y la ciudad titila en medio de las gotas que se quedan pegadas al vidrio.
-Entonces no reclames nada.

miércoles, 19 de mayo de 2010

UN FERRY EN EL DIQUE O POR LOS CAMINOS DE MAHABANA

Alberto Alandete Carballo

El pasado viernes, 14 de Mayo, el Taller Literario “José Félix Fuenmayor” se hizo presente una vez más en "La literatura pinta bien" -el programa que la Fundación La Cueva lleva a cabo en los pueblos del departamento del Atlántico- con una delegación conformada por dos de sus talleristas: Stewil Vega Torres y el autor de esta crónica. En esta ocasión, la actividad se llevó a cabo en el municipio de Manatí, antiguamente llamado Mahabana por los indígenas del lugar y localizado en el extremo suroriental del Atlántico. El escritor invitado fue el bogotano Andrés Felipe Solano, autor de la novela Sálvame, Joe Louis, cuyo argumento se refiere a un escritor fracasado que ve esfumarse su última oportunidad de sobresalir cuando muere el hombre más viejo de la tierra, en quien confiaba su futuro incierto. Completaban la delegación la artista plástica barranquillera Susana Bacca, encargada de ilustrar el cuento del autor invitado; el escritor John Better, presentador de Solano la noche anterior en la tertulia de La Cueva y Lina Robles, coordinadora general del viaje y de la actividad en Manatí.

El lugar escogido fue el Colegio San Luis Beltrán, en donde se concentraron alrededor de quinientos estudiantes de ambos sexos, tanto de este plantel como de la Escuela Normal del municipio. Un comité de recepción, conformado por las autoridades de los dos colegios pero sobre todo por los miembros de la Casa de Cultura de Manatí, nos dio la bienvenida. A eso de las 10:30 de la mañana, cuando se habían terminado de repartir los materiales de trabajo entre los estudiantes para que pudieran ilustrar las historias que los tres lectores iban a leer, se dio inicio a la actividad propiamente. De los dos talleristas asistentes, me tocó la suerte de echarme primero al agua, con un cuento titulado “Sólo muchachos”, resultado del ejercicio propuesto en el taller literario de elaborar una historia a partir del argumento de “Misa de gallo”, el extraordinario cuento de Joaquín Machado de Asís. A continuación, Stewill Vega tomó el micrófono para leer su cuento, titulado “Último día de clases”, una historia de futbol y premiación en el colegio pero también de frustración deportiva y de sueños idealizados. Por último, Andrés Felipe Solano completó el triángulo regalándole al auditorio la lectura de “El mamut congelado”, una interesante historia basada en un caso real sobre un emigrante colombiano que llegó un día a Alaska en busca de mejor futuro y que después de excavar una zanja en el hielo para enterrar una tubería de una compañía petrolera, encuentra el cadáver de un mastodonte prehistórico perfectamente conservado. La historia concluye cuando Jerry, el protagonista de la historia, comparte a manteles con sus compañeros de faena una abundante porción de la posta del mamut.

Luego de la salva de aplausos respectivos, Lina indicó los pasos a seguir y dio las explicaciones del caso a los estudiantes para que plasmaran en el papel su interpretación de alguno de los cuentos escuchados o, incluso, de los tres si lo querían. Mientras tanto, Susana Bacca debía dibujar el personaje del cuento de Andrés Felipe. En ello transcurrieron aproximadamente cuarenta y cinco minutos, tiempo en que los niños y niñas dibujaron acordeones y flautas de millo, estaderos a la orilla de la playa y sombreros vueltiaos, que eran elementos propios de mi relato. Asimismo, había dibujos de salones de clase, jugadores de futbol, medallas y cometas, aspectos relacionados con el cuento de Stewil. No faltaron, desde luego, dibujos del mastodonte y los tres amigos que compartieron con Jerry el producto de su hallazgo, según la historia de Andrés Felipe. El dibujo de Susana Bacca consistió por su parte en un retrato del personaje principal del cuento del escritor invitado, para lo cual empleó una técnica mixta con pasteles, plumillas, marcadores y crayones.

Finalmente, se le pidió a la artista plástica invitada que seleccionara los trabajos de los estudiantes que a su juicio hubieran interpretado mejor el cuento de su predilección. Fueron quince los estudiantes ganadores, a los cuales la Fundación La Cueva les dio como premio sendos libros de reconocidas casas editoriales. Concluida la actividad, les fueron repartidos refrigerios a todos los estudiantes, patrocinados por las entidades que apoyan la labor cultural de La Cueva.

A la delegación llegada de Barranquilla, en cambio, le esperaba un prometedor almuerzo con pescado frito y patacón pisao a la orilla efervescente del río en el Estadero de Gladis. Luego de un corto recorrido por algunas calles del pueblo, emprendimos, en efecto, camino hacia el sur profundo del Departamento: el cono formado por el río Magdalena y el Canal del Dique, brazo artificial trazado y construido por los españoles en tiempos de la Colonia, con la mano de obra de los esclavos traídos del África. Llegamos también al caserío de Las Compuertas, el lugar en que el Dique alimenta por este tipo de mecanismo, a manera de esclusas, los canales de riego de la rica y fértil región rural de Manatí. Tuvimos oportunidad de divisar los hermosos paisajes que nos regalaba el embalse de Guájaro, así como la abandonada sede del hoy tristemente célebre Incora, que despertara tantos y tantos sueños a los campesinos de aquella depresión geográfica, ubicada a cuatro metros por debajo del nivel del mar, no solo de Manatí sino también de Repelón, Rotinet, Santa Lucía, Villa Rosa y Aguada de Pablo.

Al filo de la una de la tarde, nos dispusimos a almorzar bajo un frondoso árbol de mango, acompañados de buen líquido y de la amena conversación de nuestros amigos de la casa de la cultura, quienes nos comentaban de la triste situación que hoy se vive en aquella región, después de las millonarias inversiones hechas en el año 1968 en tiempos del gobierno de Carlos Lleras Restrepo. En esos momentos de nostalgia, recordando los tiempos pasados, un ferry mercante desprovisto de planchones nos hizo volver a la realidad actual, indicándonos que la vida en aquella región no ha muerto. Por el contrario, de manera tenaz, sigue llevando y trayendo, a través de las aguas del Dique, progreso y esperanzas para todos.

De ese modo se cumplió una vez más la cita que reúne a pintores y escritores alrededor de la lectura para que la literatura siga pintando bien.

viernes, 16 de abril de 2010

TRES DE UNA O UNA BITACORA POR TRES

Por Adolfo Ceballos

Día 1 (Marzo 06 de 2010)

A las dos y treinta de la tarde, en las instalaciones del Centro Cultural Comfamiliar, ubicado frente al parque ‘Los Fundadores’, sobre la carrera 54 en la ciudad de Barranquilla, se dio inicio a la primera sesión del Taller Literario ‘Felix Fuenmayor’ liderado por el profesor Antonio Silvera.
Fue una jornada caracterizada por la timidez del primer encuentro, pues acudieron los nuevos talleristas, escogidos de un numeroso grupo que participó en una convocatoria virtual, publicada en el Blog del Taller, adscrito a la red de Talleres de Escritura Creativa RENATA. Superada esta etapa, el profesor Silvera explicó la dinámica y metodología del Taller, encaminado a mejorar las aptitudes literarias de sus participantes, además del obvio fomento a la cultura de las letras a nivel local. Así pues, se indicó de manera muy clara que los participantes no sólo acudían para escribir, sino también para leer, y esto implicaba una serie de autores clásicos y modernos, quienes han determinado la herencia literaria de la cual deben nutrirse los nuevos escritores.

Se mencionó de manera muy puntual la obra El Decamerón, de Giovanni Boccaccio, escrita en 1348, la cual es tomada como una recopilación de historias, y en este sentido es una de las precursoras del cuento literario. Otros nombres memorables fueron mencionados como Faulkner, García Márquez, entre otros. Y principalmente se mencionó el caso de la obra árabe ‘Las Mil y Una Noches’ (Alf layla wa-layla), célebre recopilación de historias del Oriente Medio medieval, encarnada por la narradora Scheherezada, donde éstas surgen una de otra, es decir, al contarse uno de los cuentos de repente surge otro y ese otro crea otro cuento hasta que termina el primero, como cajas encerradas en otras cajas.


De esta forma, el primer compromiso propuesto para los talleristas es leer ambas obras con el propósito de analizarlas y enriquecer las cualidades narrativas de los participantes. Así mismo, se distribuyó un copia del discurso de recibimiento del Premio Nóbel de Literatura del escritor-poeta Seamus Heaney en 1995, titulado ‘Acreditando la poesía’, donde éste expresa no sólo sus observaciones acerca de la importancia socio-cultural de la poesía, sino que también lleva de la mano al lector a través de un recorrido por sus vivencias personales en su Irlanda natal, enmarcada por la guerra subversiva del IRA y las repercusiones morales –en la sociedad civil–, de sus acciones militares frente a las fuerzas Inglesas, que caracterizaron gran parte del siglo XX. El autor comparte sus conflictos internos, que eran también los de su comunidad, y cómo ha procurado equilibrar en su obra, la belleza lírica de la poesía, como forma de expresar el horror de la pobreza y la violencia que ha convulsionado a su país, sin caer en los extremos de ‘embellecer’ las vivencias ni descarnar innecesariamente los hechos. Los tarrelistas leyeron y analizaron no sólo el discurso de S. Heaney, sino también algunos poemas anexos, donde se muestra el propósito literario del autor.

Finalmente, se dejó como compromiso para los talleristas crear narraciones o poemas en los que se pueda apreciar el equilibrio literario que plantea S. Heaney.

Día 2 (Marzo 13 de 2010)

Tal como se había establecido en la sesión anterior, los talleristas compartieron sus creaciones literarias con los propósitos literarios planteadas en ella. La dinámica consistió en que el autor(a) leía su relato o poema, y posteriormente el resto del grupo compartía su análisis del texto. Después de escuchar las opiniones y críticas, el autor(a) tenía el uso de la palabra para manifestar sus puntos de vista al respecto. Esta actividad se llevó gran parte de la sesión.

Después el profesor Silvera compartió apartes de la obra titulada ‘Short Story Writers & Short Stories’ del crítico y teórico literario estadounidense Harold Bloom, quien compila los autores y obras que considera más representativas del género narrativo corto. Lista que fue analizada por los talleristas. Finalmente, se repartió una copia de dos relatos cortos, uno de Antón Chehjov, y otro de Joaquim Machado de Assís, quedando como compromiso leerlas y analizarlas.


Día 3 (Marzo 20 de 2010)

De acuerdo con el compromiso de la sesión pasada, los talleristas hicieron lectura de dos narraciones propuestas por el profesor Silvera: La primera se titulaba ‘La mujer del boticario’ –Аптекарша–, del autor ruso Antón Chéjov, escrita en 1886, que trata acerca de la joven esposa de un tosco boticario, quien en una desvelada noche recibe a dos visitantes inesperados, mientras arriba del local duerme su marido.

La segunda historia se titula ‘Misa de gallo’, de Joaquim Machado de Asís, autor brasileño, considerado el padre del ‘realismo’en Brasil y casi contemporáneo de A. Chéjov, la cual trata acerca de un adolescente del siglo XIX, quien esperando hasta muy tarde acudir a la llamada misa de gallo, tiene un encuentro muy extraño con la señora de la casa donde se hospeda, también joven y casada con un esposo indiferente.

Luego de leer ambos relatos se llegaron a las siguientes conclusiones:

1. Ambas narraciones tienen temáticas sospechosamente similares, lo cual puede llevar a múltiples interpretaciones del por qué de estas coincidencias.
2. Las narraciones logran entretener y cautivar al lector, de principio a fin.
3. El final de ambos relatos no busca ser ‘efectista’. Simplemente es el desenlace natural que deviene de los acontecimientos de la narración.
4. Ambos autores logran la participación del lector a través de la descripción de los acontecimientos, sin entrar de lleno en los pensamientos y sentimientos de los personajes, dejándose –aparentemente– llevar por ellos. Es decir, utilizan la sugestión –de sugerir–, más que la indicación puntual de lo que ellos desean, dejando así un margen para la interpretación subjetiva del lector.
5. En ambos relatos, el uso del lenguaje es preciso para describir las circunstancias de los personajes y su entorno, utilizado como herramienta para mostrar, logrando así involucrar al lector. Por lo que no hay un desperdicio del lenguaje. No exageran, ni se detienen en descripciones innecesarias o redundantes.
6. De esta forma ambos narradores no juzgan las motivaciones o conductas de los personajes, dejándolo en manos del lector. Simplemente se limitan a mostrar los acontecimientos; el resto lo aporta el lector.

Finalmente, quedó como compromiso el que los talleristas intentaran crear historias donde se haga algo parecido. Es decir, tomar el argumento de una conocida narración y reinterpretarla convirtiéndola en una historia propia, con desenlaces diferentes.